Cuando Conocí a Lorca
En el dormitorio, la cama desecha con las sábanas quemadas. Desde el baño la bombilla asomaba su luz por la puerta entreabierta, en el pasillo se paseaban en pena cuatro patas que rasguñaban las paredes.
La melancolía fue la única que llegó, y silenciosa, pasiva e imprudente, se sentó entre ambos a hacernos compañía completando el triangulo que los cuatro habíamos dejado inconcluso.
Así se nos pasó la noche y la fortuna. El reloj marcó las cinco en punto y bajamos la vista para no ver derramada la sangre de Ignacio.
La melancolía fue la única que llegó, y silenciosa, pasiva e imprudente, se sentó entre ambos a hacernos compañía completando el triangulo que los cuatro habíamos dejado inconcluso.
Así se nos pasó la noche y la fortuna. El reloj marcó las cinco en punto y bajamos la vista para no ver derramada la sangre de Ignacio.

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